Meditación. Háblale a tus células

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Cuando éramos niños, jugábamos, corríamos, saltábamos y muchas veces nos tropezamos y caímos. En esas caídas muchos fueron las heridas que nos hicimos en las rodillas, brazos y en varias partes del cuerpo. Cuándo llegábamos a casa le decíamos a mamá que nos dolía mucho, limpiaba nuestras heridas y quizá nos cantaba la siguiente canción: Sana, sana colita de rana, sino sana hoy sanará mañana. Nadie

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