Sabotear la mente con profecías autocumplidas nos lleva al fracaso

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«No puedo», «no lo merezco» o «no tengo suerte» son afirmaciones que consiguen sabotear la mente. El no limitante que nos imponemos en ocasiones es una válvula de escape para lograr lo que nos proponemos. Partir de la base de que no vamos a cumplir con nuestros propósitos es una especie de derrotismo automatizado y autoimpuesto mediante el cual nuestro subconsciente nos sabotea diciendo «para qué tanto esfuerzo si no lo conseguiré«. Las autoprofecías se cumplen.

Una investigación de la Asociación de Psicología Americana comprobó que solo aquellos que creen ser más inteligentes desarrollan nuevas habilidades cognitivas. Los psicólogos sociales Aronson, Fried y Good comprobaron empíricamente que se cumple lo que ellos llaman la «amenaza del estereotipo».

Se tomó una muestra representativa de estudiantes universitarios. A los del primer grupo se les dijo que la inteligencia es estática y no podía trabajarse, mientras que a los del segundo les explicaron que es posible desarrollar nuevas habilidades gracias a la plasticidad del cerebro. ¿El resultado? Los del segundo grupo mejoraron sus notas medias y adquirieron nuevas aptitudes demostrando que creer que puedes ser más inteligente, logra que te esfuerces más para serlo. En definitiva, si crees que puedes ser más listo podrás serlo. Se podría añadir que solo si crees que podrás, lo harás. Sabotear la mente es una práctica de autoboicot muy común y el primer paso es aceptarlo.

Salir de la zona de confort

Mejorar significa cambiar. Para hacerlo debemos rechazar las anclas del inmovilismo y las vacilaciones y para eso debemos centrarnos en el momento presente y dejar las culpas y las preocupaciones. Estos son solo baches que nos impiden mejorar y nos dan una excusa para no actuar con el objetivo de mejorar. Debemos orientar pensamientos y sentimientos hacia el objetivo de mejorar, lo que implica ser amable con uno mismo. Tener un lenguaje motivador y reforzante y cambiar el tono de nuestro diálogo interior es fundamental.

En estos momentos, es más complicado que nunca salir del bucle de la negatividad, pero recuerda que todo resultará aún más difícil si abrazas el pesimismo. Es importante enfrentarnos a lo que desconocemos saliendo de la zona de confort que construimos y cambiar el ángulo. Ver cada sentimiento derrotista como un reto y no como un problema.

Piensa en sistemas, no en metas

Estas no son las únicas herramientas a tu alcance si deseas modificar tu conducta y alcanzar mejores metas, ya sea correr una maratón o escribir un libro. El estudioso de la conducta James Clear, autor de los virales cursos de la Habits Academy, sostiene: «Es muy común sobrestimar la importancia de los grandes momentos definitorios y restarle valor a la realización de mejoras cotidianas. Con frecuencia, nos convencemos a nosotros mismos de que un enorme éxito requiere una acción igual de relevante».

En su bestseller Hábitos Atómicos (Diana), Clear demuestra la importancia de realizar cambios en nuestras acciones de a poco sin pretender abarcar mucho de golpe. Recurre a un ejemplo para ilustrar esta técnica: en 2003, la organización British Cycling contrató al entrenador Dave Brailsford como director de desempeño. Hasta entonces, prácticamente el ciclismo británico no había conseguido ningún éxito reseñable en ninguna competición internacional. La decisión de Brailsford consistió en dividir uno a uno cada aspecto relacionado con la excelencia en este deporte y puso a los ciclistas a trabajar en un sistema de «ganancias marginales». Era necesario mejorar simplemente un 1% en cada uno de esos aspectos en lugar de pretender cambios grandes al mismo tiempo. Con el tiempo, esta suma de pequeñas y marginales mejoras supusieron que el equipo británico arrasara en los Juegos Olímpicos de Pekín y Londres.

Dejar ir lo viejo para no sabotear la mente

Existe un último factor psicológico que dinamita nuestros intentos de mejora, y es el miedo a lo desconocido. El apego que sentimos hacia personas y situaciones que no nos favorecen nos dificulta avanzar. La melancolía y la nostalgia juegan un papel importante en el no soltar. El sentimiento de pertenencia contribuye a mantener lo que no nos aporta, por miedo a no poder llenar ese vacío en el presente.

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