La carta de la mujer que intenta salvar el Amazonia: «Uno destruye lo que no entiende»

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Nemonte Nenquimo es cofundadora de la organización sin fines de lucro dirigida por los indígenas Ceibo Alliance. También, es la primera presidenta de la organización waorani de la provincia de Pastaza (Ecuador). La revista Time la eligió como una de las 100 personas más influyentes de 2020. A través de su activismo intenta salvar la Amazonia.

La líder y activista escribió una carta dirigida a los hombres occidentales. Se trata de una poderosa y certera observación de la situación actual que vive su pueblo y que es sintomática de lo que está pasando en el mundo. Los huaoranís son también víctimas del devastador antropoceno que también sufre la Amazonia.

El término antropoceno se usa para describir esta época actual de la historia terrestre, marcada por el significativo impacto global que las actividades humanas tienen sobre ecosistemas terrestres.

Carta de Nemonte Nenquimo a los 9 presidentes del Amazonia

Me llamo Nemonte Nenquimo. Soy una mujer waorani, una madre y una líder de mi pueblo y la Amazonia es mi casa. Les escribo esta carta porque los incendios siguen quemando nuestra selva. Las compañías están derramando petróleo en nuestros ríos. Porque los mineros están robando oro (como lo han estado haciendo durante los últimos 500 años) dejando atrás piscinas abiertas y toxinas. Los invasores y extractivistas de tierras están talando los bosques vírgenes para que su ganado pueda pastar, sus plantaciones puedan crecer y el hombre blanco pueda comer. Nuestros ancianos están muriendo de coronavirus. Mientras, ustedes planean sus próximos movimientos para explotar nuestras tierras y estimular una economía que nunca nos ha beneficiado. Como pueblos indígenas, estamos luchando por proteger lo que amamos: nuestra forma de vida, nuestros ríos, los animales, nuestros bosques, la vida en la Tierra. Y es hora que nos escuchen.

En cada uno de los cientos de idiomas diferentes de la Amazonia, tenemos una palabra para ustedes, los extraños. En mi idioma, el WaoTededo, esa palabra es “cowori”. Y no tiene por qué ser un insulto pero ustedes la han convertido en eso. Para nosotros esa palabra (y, de una manera terrible, su sociedad), significa: El hombre blanco que sabe muy poco para el poder que ejerce y el daño que causa.

Probablemente no estén acostumbrados a que una mujer indígena les llame ignorantes y, menos aún, en un escenario como este. Pero los pueblos indígenas tenemos algo claro: cuanto menos sepas sobre algo, menos valor tiene para ti y es, por lo tanto, más fácil de destruir. Y por fácil, quiero decir: sin culpabilidad, sin remordimientos, sin sentirse estúpidos e, incluso, con todo derecho. Y esto es exactamente lo que nos están haciendo a nosotros como pueblos indígenas, a nuestros territorios de selva tropical, y también al clima de nuestro planeta.

«Ustedes no son tan complejos como lo es la selva«

Nos llevó miles de años conocer el bosque de la Amazonia. Entender sus formas, sus secretos, aprender a sobrevivir y prosperar con ella. Pero mi pueblo, el waorani, solo les conoce a ustedes desde hace 70 años (fuimos “contactados” en los años 50 por los misioneros evangélicos americanos). Pero aprendemos rápido y ustedes no son tan complejos como lo es la selva.

Cuando ustedes dicen que las compañías petroleras tienen maravillosas y nuevas tecnologías que pueden extraer el petróleo de debajo de nuestras tierras como los colibríes chupan el néctar de una flor. Sabemos que están mintiendo porque vivimos río abajo de los derrames. Es cuando dicen que la Amazonia no se está quemando, no necesitamos de imágenes de satélites para probar que están equivocados. Nos ahogamos con el humo de los frutales que nuestros antepasados sembraron hace siglos. Cuando dicen que están buscando urgentemente soluciones climáticas y sin embargo continúan construyendo una economía mundial basada en la extracción y la contaminación. Sabemos que están mintiendo porque somos los más cercanos a la tierra, y los primeros en escuchar sus llantos.

Nunca tuve la oportunidad de ir a la universidad y convertirme en médica, o abogada, política o científica. Mis “pikenani” (autoridades tradicionales, ancianos sabios) son mis maestros. El bosque es mi maestro. Y he aprendido lo suficiente (y hablo mano a mano con mis hermanos y hermanas indígenas de todo el mundo) como para saber que han perdido el rumbo. Tienen un problema (aunque todavía no lo entiendan del todo) y que su problema es una amenaza para toda forma de vida en la tierra.

«No han tenido el coraje, o la curiosidad, o el respeto suficiente para conocernos»

Forzaron su civilización sobre la nuestra y miren ahora donde estamos: pandemia global, crisis climática, extinción de especies, y, guiándolo todo, una pobreza espiritual generalizada. En todos estos años han estado sacando, sacando, y sacando de nuestras tierras y no han tenido el coraje, o la curiosidad, o el respeto suficiente para conocernos. Para entender cómo vemos, y pensamos, y sentimos, y lo que sabemos sobre la vida en esta tierra. Tampoco puedo enseñárselo ahora con esta carta. Pero lo que sí puedo contarles tiene que ver con miles y miles de años de amor por este bosque, por este lugar. Amor en el sentido más profundo de la palabra: respeto. Este bosque nos ha enseñado a caminar ligeramente, y porque le hemos escuchado, porque hemos aprendido de él y le hemos defendido, nos lo ha dado todo: agua, aire limpio, alimento, medicinas, felicidad, espiritualidad. Y ustedes están quitándonos todo esto, pero no sólo a nosotros, sino a todas las gentes del planeta y a las generaciones futuras.

Es de madrugada en la Amazonia, justo antes del amanecer: un momento que, para nosotros, está destinado a compartir nuestros sueños y nuestros pensamientos más profundos. Así que aprovecho para decirles a todos ustedes: “La Tierra no espera que la salven, espera que la respeten. Y nosotros, como pueblos indígenas, esperamos lo mismo”.

La deforestación está destruyendo al Amazonia

Según datos de Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica, en la porción de la Amazonia perteneciente a Ecuador, la deforestación alcanzó los 114 km2 en el 2019. En diciembre el Proyecto Monitoreo de la Amazonia Andina pudo monitorear pequeñas áreas de bosques despejados para plataformas petrolíferas en el Parque Nacional Yasuní (con abundancia de especies). También lo hizo cerca del territorio ancestral del pueblo originario waorani al que pertenece Nemonte.

Aunque esas áreas aparecen en los mapas como meras manchas en un mar de bosque circundante, el equipo calculó que los “efectos de borde” que van deslizándose en el bosque circundante podrían, en realidad, impactar una franja de bosque mucho más ancha, de unos 6,55 km2.

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