El patriarcado y los estragos de la represión sexual

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El objetivo principal del sometimiento y la represión sexual es la acumulación del patrimonio.

Unos acumulan y para ello ha sido necesario someter a otros para que regalen su fuerza de trabajo.

Los hombres han desplegado  poder mientras las mujeres les han servido.

La herramienta más  importante que se ha utilizado para lograr el sometimiento  ha sido la represión sexual.

Como mencioné  anteriormente el propósito  era acumulación de propiedades, y las mujeres hemos sido consideradas como propiedad por años.

Así las mujeres «pertenecían» al hombre, y éste aseguraba la pertenencia de los hijos, futuros herederos de sus bienes.

Para lograr que las mujeres nos sometiéramos , era necesario que dejáramos de «sentir».

Por lo que se empezó a reprimirnos sexualmente, a través  del pecado, la culpa y la vergüenza.

Durante muchos años las mujeres fuimos consideradas impuras cuando sangrábamos durante nuestro período menstrual.

Y así se  fue sembrado en el inconsciente femenino la impureza de nuestro propio cuerpo, de nuestras sensaciones y deseos.

Nosotros nacemos de madres reprimidas por generaciones, incapaces de tocar o acariciar, duras, y así mismo crían a sus hijos.

Y mirando esto desde el punto de vista del niño, las consecuencias son muy negativas.

Una de las necesidades básicas de todo ser humano, es el contacto con otro ser humano, en el caso de un bebé, el contacto físico con su madre.

Pero en esta sociedad es común validar que a los niños se les debe dejar llorar para que no se “malacostumbre” a los brazos de mamá.

La madre va en contra de lo que su instinto materno le dice, solo porque así la sociedad lo ha impuesto como lo “correcto” para el niño.

Nosotros suponemos que el niño debe dormir solo en una cuna, crece un poco y ya pensamos que esta muy grande para darle brazos y mimos.

Todo lo que el niño necesita desde su nacimiento es contacto físico con su madre

Si fuésemos mas conscientes de esto, podríamos cambiar la sociedad por una más amorosa, tierna y empática.

Desde esta tierna infancia viene nuestro desamparo, desde ese momento nos enseñan a no escuchar nuestra necesidades.

Y así hemos silenciado nuestro sentir, nuestra esencia, hemos sentido vergüenza de nuestro propio cuerpo y nos hemos alejado cada vez más de nuestra sexualidad, de nuestro cuerpo.

Como mujeres tenemos un gran reto de conectarnos con nuestra esencia, de volvernos a sentir, y no tiene nada que ver con el feminismo, porque esto va mucho más allá

Lo que nosotros debemos hacer es no compararnos con los hombres, pues somos mágicamente diferentes.

Nosotros debemos conectarnos con nuestro propio cuerpo, nuestra propia sexualidad, sin sentir vergüenza, y con el absoluto respeto que merece este templo sagrado llamado cuerpo.

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