Ser genial esta de moda

De la inteligencia única IQ de Stern a las 9 inteligencias de Gardner

Recuerdo cuando estudiaba psicología en la UB a mediados de los noventa, de todas las teorías sobre la inteligencia, la de Howard Gardner fue la que más válida y útil me pareció. A mí, que en todos los psicotécnicos que nos hacían periódicamente en la escuela para valorar nuestras aptitudes, me decían que tenía dotes especiales para la música. Cierto es que hice la carrera de piano y me gusta mucho cantar. Pero en realidad lo que más me sorprendía era el uso que dábamos a los resultados de dicho psicotécnico.

En mi colegio, del que salí haciendo COU en el año ’94, cada dos cursos nos pasaban un test psicotécnico de inteligencia general, del cual, si bien venía una valoración por áreas, que luego descubrí se correspondían con las inteligencias de Gardner, el ítem numérico que luego comparábamos con nuestrs compañerxs era el conocido y sobrevalorado CI o QI de Stern.

Todavía me recuerdo en octavo de EGB, sentada al lado de mi compañera Cristina, haciendo una de las pruebas. Nerviosa por no poder terminar los últimos tres ítems de la prueba por falta de tiempo, mi ojo izquierdo localizó las respuestas en la hoja de mi compañera y sincronizándose con mi mano derecha, éstas fueron anotadas en mi hoja. Todo un desafío del famoso arte del trabajo colaborativo escolar no autorizado, que lejos de convertirse en un triunfo a la habilidad, generó una duda razonable en mi, al no saber si mi CI hubiera sido muy distinto de no anotarlas. Todo ello, no obstante, fue compensado por la tranquilidad de saberme alejada de posibles humillaciones.

¿Y por qué un test pudo mellar en tanto grado nuestra autoestima, generando que nos comparáramos cualitativamente?

Porque éramos niñxs y nos habían vendido que aprenderse las tablas de multiplicar, la tabla de los elementos, las preposiciones, o la lista de las capitales de España, lejos de ser simplemente una ventaja por el ahorro de tiempo que supone su búsqueda en un manual ahora sustituido por cualquier velocísimo buscador de internet, era sinónimo de inteligencia. Sinonimia que contenía ontológicamente la cualidad de valor personal, en este caso asociado al ítem numérico. Es decir. Que el que tenía un CI cercano a 85 era “tonto”, y el que tenía uno cercano a 120 era “listo”.

Todavía hoy nos encontramos estas etiquetas en las aulas en relación a las calificaciones obtenidas. Que “el tonto” fuera más cariñoso, jugara al fútbol o dibujara de maravilla, o que el “listo” no tuviera amigos, fuera violento o poco hábil en los deportes, era algo que subrepticiamente, pasaba por alto la mayoría de adultos y en cambio, nosotrxs teníamos muy presente.

En la asimilación cognitivista de nuestro sistema nervioso con el funcionamiento de un procesador perdimos la visión orgánica que nos da una ventaja funcional fundamental respecto a cualquier mecanismo artificial. Nuestro cerebro procesa tantos datos de fuentes tan diversas todavía ni tan siquiera reconocidas, que seguimos llamando “intuición” a lo que seguro que en el futuro llamaremos el resultado de la formulación de los datos provenientes de la combinatoria de un número x de factores absolutamente discernibles de manera objetiva por nuestros sentidos.

Siempre que me encuentro con gente que duda de conceptos como el aura, la telepatía, la clarividencia o la mediumnidad, les recuerdo que hace muy poco llamábamos histeria a la menopausia y hace menos se consideraba la fibromialgia una enfermedad inventada al no tener desarrollada la tecnología que pudiera medir los umbrales personales ante la sensibilidad al dolor.

El desarrollo de la tecnología avanza y con él nuestras posibilidades de objetivar aquellas experiencias que hemos registrado mediante métodos reconocidos científicamente como la observación sistemática;  que ha servido para desarrollar por ejemplo las bases de la astronomía, la física, la biología o la etología, pero también de la astrología, la homeopatía, la acupuntura o el reiki; y que antes de ser rigurosamente sistematizada, todavía hoy, llamamos intuición.

Así pues, ni el CI es la medida global de la inteligencia humana, ni el método científico actual el rasero de todo lo confiable. Vamos a darnos la oportunidad epistemológica de replantearnos métodos, varemos y heurísticos tecnológicos. Incluso conceptos, como el de “genialidad”, para poder empezar a vislumbrarnos y reconocernos como genios y genias en alguna de las múltiples inteligencias que todxs tenemos. Según Gardner, además de la inteligencia musical tenemos la interpersonal, la lógico-matemática, la lingüístico verbal, la visual-espacial, la intrapersonal, la naturalista, la corporal-cinestésica, y la existencial. ¿Empezamos?

Author: Sandra López Barbeiro

Mujer emprendedora y madre feliz.

Formada en terapias alternativas y neuropsicología sistémica compasiva y socio-educativa, entiendo que el amor es el hilo que une a todos los seres cual cuentas de un precioso collar.

Mi visión es formar parte de una tribu humana feliz y en paz.
Mi misión es divulgar y facilitar el acceso a prácticas y conocimiento de crecimiento personal y espiritual de manera sencilla y sostenible, mediante cursos, talleres y charlas interactivas; libros, abrazos y muchas risas.

Coach personal y familiar. Especialista en Patchwork Familiar. Escritora. Formadora. Actriz y guionista. Diseñadora y decoradora de interiores personales. Atrapajuicios y alquimista emocional. Descubridora de talentos y otros tesoros.

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